Teorizando en educación: entre erudición, poesía y opinionitis

(Fragmento de mi libro Teorizando en educación. Entre erudición, poesía y opinionitis. Editorial UOC, 2015)

Teorizar en educación es una tarea sencilla que no requiere, aparte de la experiencia personal, nada más que alguna que otra dote de observación, un poco de raciocinio y tiempo para llevarlo a cabo. Hacer teoría en educación quizás deba ser algo más, ya que teorizar y hacer teoría, de entrada, no podrían ser expresiones intercambiables. En muchos terrenos, pero de manera dramática aún más en educación, las teorías no han sido exclusivas de los eruditos. El común de los mortales se lanza a teorizar, a hacer sus teorías, sobre los aspectos más complejos de su vida cotidiana, donde lo importante es reforzar ese posesivo, ese «su» que refuerza el campo mental que se es capaz de alcanzar, y encontrándose siempre a salvo de cualquier crítica razonada, apelando al libre albedrío impuesto por las sociedades postmodernas: todo el mundo tiene derecho a opinar.
El límite de la opinión, si debe existir ese límite, se encuentra en la opinionitis, una tendencia a tirar del juicio personal para sentenciar acerca de fenómenos y problemáticas generales. Quizás el maestro, en su sentido puro, sea el más legitimado para dar opinión, aunque «el maestro no opina, enseña lo que sabe», como recordaba el filósofo canadiense Lucien Morin (1973, p. 22), aunque «gracias a la opinionitis, los profesores ya no ignoran nada y los estudiantes lo saben todo» (p. 169). Quizás el pedagogo pueda abstraerse menos de ese aserto, obligado a tomar distancia de la realidad para emitir sus veredictos, tanto en su estudio de la historia como de la actualidad o del devenir de la educación. Todo ello a pesar de Montaigne, que ya nos alertaba acerca de hurgar más allá de nuestro tiempo: «No somos sabios, creo, más que de la ciencia presente, no de la pasada, tan poco como de la futura» (libro I, XXV).
El debate, cuando se produce en el terreno del saber, origina más saber, pero cuando se da en el ámbito de la opinión suele generar desconcierto. Eso ocurre normalmente en los temas de carácter social y aún más, si cabe, en los educativos, donde confluyen de manera interesada y enmarañada opiniones (doxa), conocimientos (logos) y saberes (episteme), todos con sus particularidades y sus partidarios bien encuadrados, aunque no siempre, que suelen llevar a confusión al neófito, al de a pie, y no ayuda a la clarificación de ideas.
Cuando la opinión inunda todos los planos del conocimiento, en un contexto además de absoluta indulgencia tecnológica que permite maximizar su difusión, es ciertamente complicado discernir entre los asertos contrastados con pretensión de validez y las proclamas, siempre incendiarias, con afán proselitista o meramente testimonial. En un mundo complejo quizás sean aceptables unos y otras, pero la ciencia, que se atribuye la obligación de esclarecer el panorama, al menos como aviso para navegantes, se permite también recordar los parámetros a partir de los cuales se pueda hablar de saber.
Lo que está en juego, sin más dilaciones, es la capacidad de discernir entre opinión, conocimiento y saber en la construcción teórica del fenómeno educativo, para separar la paja del grano en el campo de la literatura pedagógica. La opinión surge de teorías implícitas, de creencias acumuladas y transmitidas de generación en generación, resistentes muy a menudo a las evidencias y más aún a las certezas. Evitar la opinionitis es tarea complicada en los tiempos que corren y es importante estar atento a los problemas que conlleva confundir opinión, conocimiento y saber, y cuestionarse si todas ellas pueden englobarse en el paraguas de la pedagogía. Quizás, pero tan solo es una hipótesis de trabajo, las teorías educativas de la población en general pero también de los profesionales de la educación se construyen por la interacción de diversas corrientes de fondo donde se cruzan, con más o menos sentido, impresiones, experiencias e ideologías que van alimentando y haciendo crecer esos juicios que inundan los debates más insulsos. Intentaremos explorar, en este libro, tres de esas tendencias algunas más subterráneas que otras.

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