China en la geopolítica educativa mundial


Examen en Singapur (bbc.com)
El mundo está recuperando una multipolaridad relativa. La hegemonía de Estados Unidos en el terreno económico está siendo discutida por otros actores que, mediante alianzas estratégicas, empiezan a descabalgar al gigante americano incluso en el terreno científico y militar.

El siglo XXI es el siglo de Asia y, en particular, el siglo de China. El liderazgo de China debe mucho a la política norteamericana en el continente. Así, para Hugh White (2011), la Guerra Fría terminó en Asia cuando Nixon pactó con Mao el reparto del continente: Estados Unidos reconocía al régimen comunista de Pekín mientras que China cesaría de discutir el liderazgo americano en Asia. Había que neutralizar al enemigo común, la Rusia soviética y su brazo alargado en Vietnam, y apaciguar las ansias de Japón. Esto ha permitido una prolongada y relativa estabilidad en la zona que, sin duda, ha beneficiado directamente al crecimiento económico de China e indirectamente a todas las economías emergentes de su entorno, situando al gigante asiático en el primer lugar mundial por PIB. India le viene a la zaga.

El peso de China en la economía mundial está siendo motivo de estudio también quizás por sus erráticos movimientos. Sus inversiones en algunos países de América Latina y África, por ejemplo, alertan a las diplomacias del Atlántico Norte, que han visto perder protagonismo en el escenario mundial no solo en lo económico.

También empieza a ocurrir algo parecido en el ámbito educativo. Tanto India como China están liderando plataformas educativas que tienen un impacto importante a escala mundial. Esta influencia se produce en tres niveles: doméstico, con un incremento sustancial y cualitativo de sus respectivos sistemas educativos; regional, implantando alianzas con socios vecinos y del hemisferio sur mediante acuerdos de cooperación, y global, ocupando los primeros lugares en las tablas comparativas de los organismos internacionales e incluso exportando fórmulas propias de formación e investigación, que son motivo de admiración para algunos.

La cuestión central consiste en averiguar en qué medida el sistema educativo formal responde a lo que reclama la sociedad que lo acoge. Sin duda, lo que pueda servir en algún rincón puede ser inútil en otro, pero algunas tendencias son interesantes de observar, como el lugar que ocupa el profesorado en todo esto.

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